
Y no me estoy refiriendo a la novela de Hugo. Estoy hablando de los miserables de la política argentina. Cualquier lector más o menos habitual del blog puede dar fe de mi oposición a este gobierno. Puedo citar una lista de por qué me opongo al gobierno: pésima política exterior (el conflicto con Uruguay es de un grado de impericia pocas veces visto), incapacidad de aprovechar el viento a favor para lograr un despegue estratégico de la economía, la intervención del INDEC, las relaciones turbias con Venezuela, haberle pagado al FMI una deuda que no hacía falta pagar, el pésimo manejo del conflicto agropecuario y muchos temas más. También hizo cosas buenas como por ejemplo la eliminación de las AFJP. Y ahora, presentó un proyecto más que aceptable de Ley de Servicios Audiovisuales, que puede ser mejorado -de hecho ya tiene sustanciales mejoras- y entonces aparecen, amparados bajo la figura de la "libertad de expresión" los que durante años mantuvieron silencio sobre la peor forma de matar la libertad de expresión: el monopolio informativo. Parece que, durante 25 años, nadie pensó que el monopolio y la concentración de medios en manos de grupos económicos poderosísimos eran un atentado grave y permanente de la libertad de expresión que hoy dicen defender y de la democracia como forma de vida.
La pregunta es, se puede ser opositor y apoyar esta ley? Sí, sin dudas. Se puede negociar el contenido de la misma? Sí, ese es el funcionamiento de la democracia, la negociación es la forma de pactar políticas, leyes o lo que fuere, justamente para que la discusión se encamine dentro de cauces políticos y no se resuelva a los tiros y a las trompadas. Es decir, la negociación es el nudo central de la política y la que permite alejar la violencia.
La derecha tiene sus operadores preparados y afilan los cuchillos. Reutemann, por ejemplo, habla de la funcionalidad del socialismo de Santa Fe al gobierno nacional. Me pregunto qué hizo él durante años hasta que decidió romper con el gobierno sino ser funcional permanentemente, y al mismo tiempo cuándo se quejó de la concentración de medios audiovisuales en manos de estos grupos y la forma perversa en que estos grupos atentaron realmente -y no en forma hipotética- contra la libertad de prensa y expresión.
Las leyes de este tipo no se votan para un gobierno, se votan para un país. Y hasta en el hipotético caso de la crítica de Felipe Solá sobre una supuesta chequera eso sólo sería un hecho grave si el dinero fuera a parar a los bolsillos de algunos políticos, pero si lo que se negocia son fondos para obras específicas de una provincia o de un sector esto también entra dentro de los juegos normales de la negociación. O acaso piensan que el presidente, por decir un ejemplo, de los Estados Unidos no tiene que negociar el presupuesto con los representantes y senadores, y sabiendo esto arrancan con expectativas de máxima que después son modificadas. O piensan estos "paladines de la pureza" que Barack Obama es tonto?
Entonces estos miserables, como Patricia Bullrich, Federico Pinedo y demases, que han hecho del silencio ominoso a favor de la concentración de la información, de los contenidos, de la censura -o peor aun, de la autocensura- de cientos y cientos de trabajadores de prensa que deben silenciar sus honestos pensamientos para no perder sus trabajos, salen ahora a criticar a aquellos opositores que, siguiendo siendo opositores, votan una mejor ley para todos los argentinos.
También es falso el pretexto de esperar hasta el 10 de diciembre el recambio en las Cámaras del Congreso de la Nación para debatir la ley en cuestión, entonces qué? El gobierno no puede hacer nada hasta el 10 de diciembre? Qué harían ellos?
También hay miserables menores, de cabotaje, que ponen en una campaña municipal temas que exceden ampliamente las funciones de un concejal (el caso de la seguridad es algo más que concreto) y sin embargo llevan adelante una discusión fuera de lugar y hacen de esto una bandera que confunde y pretenden de esta confusión sacar un rédito mezquino, vacío de forma y contenido.
Así de miserables son, y como ustedes saben que las medias tintas no me caen, para ellos todo mi desprecio, mi desprecio tan profundo como la enormidad de sus miserias.
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