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Algunas preguntas sobre las juventudes en la era de la posverdad

Por Gustavo Lafarge *

En la actualidad las distintas perspectivas parecen coincidir en una categoría de juventudes amplia, capaz de contener en ella a los distintos jóvenes que producen las sociedades en las que vivimos. Por estos días y a raíz de los distintos debates que se vienen dando en la escena pública y mediática, se replica otro concepto que ha pasado de ámbitos más académicos a la vida cotidiana y es que estamos hablando de los tiempos de la posverdad.

Entonces vale la pregunta de qué hablamos cuando hablamos de la posverdad, un concepto que comenzó a utilizarse a principio de los 90 pero que cobró notoriedad en los últimos tiempos hasta lograr su inclusión recientemente en el diccionario de la Real Academia española, quien le otorga el sentido de aseveraciones que dejan de basarse en hechos objetivos, para apelar a las emociones, creencias o deseos del público.

Resulta interesante en dicho contexto revisar el rol de las juventudes en los escenarios complejos actuales donde conviven los problemas públicos, las narrativas sobre lo que sucede, su explosión en las redes sociales, la aparición en los medios de comunicación tradicionales, las prácticas sociales y la política.

¿Cómo se estructuran las juventudes en la era de la posverdad?, ¿de qué manera ese escenario estructura a estas juventudes que pertenecen a una nueva generación que le otorga entidad similar a las opiniones y a los hechos?, ¿qué es lo verosímil?, ¿cómo se disputan los sentidos en un entramado donde los sistemas de legitimidad tradicionales parecen reconfigurarse?

Cada vez con mayor frecuencia y a modo de convalidar la existencia de los hechos, las personas, los lugares, fechas, etc. recurrimos a buscadores en línea o apelamos a las redes sociales que de alguna manera son los que acreditan tanto la identidad como la materialización de las organizaciones.

Hace menos de diez años atrás con la aparición de la web 2.0 se prometían nuevas formas de comunicar para aquellos que no tenían voz, como el caso de llamada “Primavera Árabe”. Sin embargo, un cúmulo de investigaciones posteriores demostraron que los avances tecnológicos del que tanto se hablaba, no movieron demasiado el amperímetro en lo que tiene que ver con la participación y movilización juvenil en las transformaciones decisivas en el campo de la política.

En las campañas electorales de últimos tiempos en América Latina, fueron ampliamente utilizadas y difundidas las “nuevas técnicas” para la comunicación política basada en las nuevas tecnologías, promoviendo la práctica de construcción y difusión de ideas y falsos hechos. Utilizando a veces recursos de humor caricatura fácilmente distinguibles por las mayorías y otros, más ligados al formato de noticias tradicionales sin fuentes de información comprobables, muy confuso para determinado público que lo termina asimilando como una verdad indiscutible y donde el rol de las juventudes fue estratégico.

Esto que dijimos da cuenta que las innovaciones tecnológicas, de algún modo, moldean los discursos y las prácticas sociales. Se intuye, además, que las fuerzas de las nuevas generaciones serán fundantes en los nuevos modos de hacer, decir y pensar juntos, sentando nuevas bases para discusiones plurales, diversas y relevantes a través de sus propias prácticas discursivas que ellos conocen casi a la perfección. La pregunta es acerca de cómo construir junto a las nuevas generaciones una verdad más fiel a eso que nos pasa.

(*) Mg. en Estudios Culturales

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